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Estamos Capacitados Para Amar?

Posted by Verito,co on 31 Ee mayo Ee 2013 a las 11:20


 

Esta nota la escribió mi amiga y hermana Jocheved Martínez, esposa de una gran pastor de la iglesia y me animé a compartirla en la página porque está llena de verdad, de esa verdad que tanto nos falta conocer.

Cuando estudiaba la carrera, la maestra de filosofía en una clase nos expresó: “Antes de casarme, soñaba con mi príncipe azul, lo imaginaba, alto, esbelto y guapo, pero cuando lo encontré y me casé, me di cuenta que no reunía ninguna de esas características sino…” y empezó a mencionar adjetivos desagradables de su marido. ¿Cuáles son las expectativas que tenemos para el matrimonio? ¿Cómo imaginamos que debe ser nuestra pareja? ¿Cuál es el grado de frustración que actualmente tengo en mi matrimonio porque él o ella no son como yo considero deben ser? ¿Estamos capacitados para amar?

 

El matrimonio siempre ha sido un desafío. Cuando llegan las crisis matrimoniales, (que siempre llegan), traen consigo una gran variedad de experiencias de crecimiento las cuales muchas veces no sabemos cómo enfrentar y menos resolver. Tal es el caso, que muchos, pero muchos matrimonios, ante la imposibilidad de arreglar sus diferencias o mediar sus expectativas, se deciden por el rompimiento. Y es que aparentemente es más fácil, dicen algunos “terminar por el lado sano” estos conflictos, que invertir tiempo, dinero o esfuerzo para llegar a algunos acuerdos de convivencia. Y esos son los arriesgados, los que debido a que el problema se les vino encima, y no pudiendo controlar la situación, dicen “tope donde tope, no me importa nada” y públicamente anuncian su separación matrimonial.

 

Otros en cambio son “más discretos”, como una pareja que conocí en el norte del país, ellos tienen más de treinta años de casados, hijos, nietos, etc., y dicen: “Entre nosotros no hay ni un sí, ni un no… puros ¡qué te importa!” y es una relación dañina que han mantenido a lo largo de mucho tiempo. Aunque ellos no están separados físicamente, si lo están espiritualmente y una relación de ese tipo llega a ser sumamente desgastante en todas las áreas de la vida.

¿Qué hacer? ¿Cómo mantener a flote una relación matrimonial? ¿Cómo estar capacitados para amar? ¿Qué es lo que Dios puede mostrar a todos los matrimonios a través de su Palabra? Leamos 1 Juan 4:7-11 “Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros”.

 

La clave la encontramos en el Amor. Amor es lo que necesita la gente, amor es el ingrediente básico de la pareja. Amor, amor, siempre amor. Pero, por qué si esto ya lo sabemos, está tan ausente de la vida humana. ¿Por qué en todos los espacios sobran cosas y falta amor? Seguramente porque nos ha faltado recordar o entender o aplicar que Dios es Amor. Quizá hemos querido apropiarnos solo del amor y dejar del lado al Autor del Amor y eso no ha sido ni será posible. La esencia de Dios es el Amor. Si solamente amamos y Dios no está de por medio, quizá no estemos amando realmente. Más bien quizá estemos mostrando un amor hacia uno mismo, disfrazado de un amor hacia la pareja.

 

Más bien, decimos que amamos al cónyuge, pero realmente amamos lo que somos, lo que tenemos, lo que intentamos parecer, cuidamos la imagen, la reputación, que los demás nos vean como una buena esposa o como un esposo cumplido, etc. En conclusión, más que amar a la pareja, lo que tenemos en abundancia es un excesivo amor… pero hacia uno mismo.

 

Y eso no es todo, aparte nos sentimos víctimas del “otro” o de la “otra”. Somos los más ofendidos cuando “el” o “ella” no cubre mis expectativas, no hace lo que le digo o no se porta o se viste como yo creo es correcto. Y entonces “arde Troya” me siento la persona más humillada y actúo con el rigor de mi silencio (en caso de que yo sea una persona más o menos callada) o se arma un gran pleito (si soy de los que por ninguna razón dejan de hablar). El sentimiento de “víctima” “de desamor” son los temas de canciones que más se venden.

 

Amar es una prerrogativa de Dios, es una característica de Él. Nosotros a lo mucho, llegamos a amarnos a nosotros mismos, entonces la solución a esta falta de amor hacia el prójimo, es regresar a Dios, ir a la única fuente. Dios es el único que nos puede enseñar a amar. Su amor ha rodeado nuestra vida, toda la creación habla del amor de Dios. El sacrificio de Jesús en la cruz, el derramar gota a gota su sangre por los pecadores, es la mayor e indescriptible muestra de ese maravilloso amor.

 

Pero ¿Cómo sentirlo? Y sobre todo ¿Cómo expresarlo?

1. Un paso importante en la vida de todo cristiano, es aprender a sentir el amor de Dios en uno mismo

2. Para aprender a sentirlo, se requiere humildad y obediencia. Cuando se camina por la vida con aires de autosuficiencia, no se puede sentir a Dios y menos se puede brindar su amor.

3. La persona que siente y aprecia el amor de Dios, es una persona diferente, sus sentimientos, acciones, palabras y actitudes no están regidas por su egoísmo personal, en el centro de su corazón está Dios.

4. El que ha nacido de Dios es el único que está capacitado para amar.

5. El amor se siente, cuando se aprecia, cuando se contrista el corazón por el amor que mostró Jesús al morir en la cruz, cuando se recuerda constantemente que nada de lo que tenemos lo merecemos. Cuando comprendemos aunque sea un poco su Gracia.

6. Dios nos ha amado de esa manera y también espera que nosotros amemos a nuestra pareja con ese tipo de amor.

 

Vayamos a la Palabra de Dios. Revisemos nuestra vida, identifiquemos las acciones egoístas y pidamos perdón. Oremos para que Dios nos muestre el camino del amor y seamos pacientes y tolerantes con nuestra pareja, ella también ha de estar viviendo sus propios procesos para aprender a amar tal como Dios lo pide.

“Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros”.

 

Dios nos capacite cada día para amar y bendiga nuestro matrimonio.

Categorías: Cristianos en Accion, Reflexiones

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